miércoles, 1 de febrero de 2012

Mis metas están al alcance de un yo puedo.

 La real academia de la lengua define la palabra imposible como algo que no tiene medios para llegar a ser o suceder y define improbable como algo inverosímil que no se funde en una razón prudente. Puestos a coger a mi me gusta más la improbabilidad que la imposibilidad, como todo el mundo, supongo. La improbabilidad duele menos y deja un resquicio a la esperanza, a la ética. Que David venciera a Goliat era improbable, pero sucedió. Un afroamericano habitando la casa blanca era improbable, pero sucedió. Que los Baron Rojo volvieran a tocar junto era improbable, pero también sucedió. Nadal desbancando del número uno a Federer. Una periodista convertida en princesa.El 12-1 contra Malta. El amor, la relaciones, los sentimientos, no se funden de una razón prudente. Por eso no me gusta  hablar de amores imposibles, sino de amores improbables. Porque lo improbable es por definición probable, lo que es casi seguro que no pase es que puede pasar. Y mientras haya una posibilidad, media posibilidad, entre mil millones, vale pena intentarlo.

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